Los hijos de las sombras

Novela corta, 2010. Obra registrada.
Obra ganadora del XVIII Certamen de Novela Corta José Luis Castillo Puche.

Un viaje a lo desconocido, dos ciudades aisladas en un entorno imaginario, una historia de amor, y el hallazgo de una sensación oculta que cambia la perspectiva del mundo... El libro invita a mirar el mundo cotidiano de una manera diferente y sugiere nuevas realidades que podrían hallarse tras el velo de la percepción. La complejidad subyacente es enmascarada en forma de cuento.

Mala Málaga

Relato, 2009. Obra registrada. Disponible online.

El libro de moda este año en la feria del libro de Málaga es Mala Málaga, una recopilación de relatos que tratan de mostrar la otra cara de Málaga, la menos amable, la más deprimida y decadente. Entre los autores hay de todo un poco: periodistas, políticos, personalidades de la cultura malagueña y algunos de los escritores de más calidad de Málaga, como Álvaro García, presente en numerosas antologías poéticas. Fui invitado a participar en el libro con un relato de ficción: La noche antes de partir. Para que tuviera ese aspecto decadente e infernal que requería el libro, decidí darle un estilo fitzgeraldiano. Tiene también un guiño a Hesse.

Mala Málaga en la prensa:


Mala Málaga en librerías:

El sueño de la existencia

Filosofía, 2008. Obra registrada. Disponible online.

La naturaleza no esconde nada, se muestra siempre en todo su esplendor y acude al ágora del silencio para hablar en voz alta de sus misterios. Muchos la escuchan en la medida de sus posibilidades, pero nadie tiene unos oídos lo bastante finos como para captar la infinidad de sus matices. Lo que para un ser supone una revelación, para otro tal vez pase inadvertido por resultar del todo incomprensible. Una verdad que tan solo una minoría es capaz de entender puede ser proclamada a voces: la mayoría la ignorará. La misma lluvia resbala sobre las superficies impermeables, pero llena los poros de la tierra preparada para recibirla.

Próximamente en el blog...

La ciudad sin cielo

Novela, 2005. Obra registrada.

«El hombre está todavía a las puertas. Acaba de pasar por ellas, pero aún no es consciente de la importancia de su descubrimiento. Más allá se halla un mundo de riqueza infinita. Un mundo que sus pequeños ojos aún no se han acostumbrado a ver». El filósofo visionario Leonardo Zaverio de Siracusa expresa así su sentimiento acerca del estado del conocimiento en el que se encuentra el ser humano, y adelanta en su obra Aeternitatis circumventus lo que será el futuro de la vida y la inteligencia en la Tierra. La historia que se desarrolla en La ciudad sin cielo se intercala con los textos de Zaverio, y lleva al lector a las puertas de una ciudad oculta. En la entrada, una frase tallada en la piedra reza: «Dios espera al final de un camino que nunca termina». Tras un encuentro casual en Madrid, Daniel y Agatha son las personas que más se acercan a descubrir lo que se esconde al otro lado de la inscripción. Ambos sostienen puntos de vista muy diferentes: ¿Es deseable para el ser humano el futuro se avecina? ¿Es posible una vida mejor, una Edad de Oro, a pesar de perder la posición privilegiada en el mundo? Pero ambos desconocen el alcance de la inteligencia que ha surgido en las entrañas de la Tierra, que es capaz de arrastrar a todos en su fuerte corriente para cumplir los designios de su voluntad.

Hormigas y dioses

Cuentos, 2004. Obra registrada.

Universos oscuros e impredecibles, búsquedas imposibles entre montañas de verdades, leyendas hechas realidad, creadores no omniscientes que experimentan con sus obras, seres inabordables ocultos a los sentidos... Son los primeros relatos, que ya contienen el germen de El secreto y de algunas de las obras posteriores.

  • El sueño de Ana
  • Hormigas y dioses
  • Penumbra
  • El juego de Dios
  • El descubrimiento
  • La búsqueda
  • El mundo de Mandelbrot
  • Un mundo líquido
  • Utopía

Rodeado de infinito

Filosofía, 2004

Los primeros escritos de la bahía surgieron en Barcelona, una noche en que un torrente de pensamientos me hizo incorporarme de la cama para escribir en un cuaderno. Nunca he vuelto a tener aquella sensación de inspiración súbita, casi visionaria: la mano se movía sola, como guiada por una fuerza que yo no controlaba del todo. Se detuvo después de llenar de un tirón siete páginas escritas con una letra arrastrada y difícil de leer. A partir de ese momento me acostumbré a tomar notas de manera asidua, y un día las pasé a limpio en un libro breve que titulé Rodeado de infinito, más o menos un año después, ya en Málaga.

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